El acto de presentación que ha mostrado la obra del pintor Veleño Santiago Fernández Aragüez se celebró ayer por la tarde en el salón de los espejos del Ayuntamiento de Málaga. Dicha presentación ha sido realizada por el alcalde de la ciudad D. Francisco de la Torre, que dio la palabra al autor y explico cómo es la obra. Al acto asistieron también, el empresario de la plaza Fernando Puche, así como los concejales Elías Bendodo y Miguel Briones, también asistió la viceportavoz del PSOE, María Luz Reguero. En la obra podemos ver la imagen de los toreros antes de salir para hacer el paseíllo en La Malagueta. De igual modo que el año pasado la presentación del cartel con el terna que lo conformará y la ganadería de dicho festejo serán presentados en FITUR, la celebración de la corrida será el próximo 3 de abril, sábado de Gloria.
El Parlamento catalán se enfrenta mañana a una votación de alto voltaje social y político para decidir si tramita o no una ley contra las corridas de toros. De prosperar la iniciativa, presentada por una plataforma taurófoba, los parlamentarios autonómicos culminarían un proceso que la izquierda, en su propósito de gestionar el voto del ecologismo más agreste, inició hace años en el ámbito local, con episodios tan destacables como la declaración de Barcelona como «ciudad antitaurina» con el apoyo de los socialistas. En Cataluña, además, se añade el componente nacionalista, que estigmatiza a los toros como una fiesta nacional española ajena a las esencias catalanistas y, por tanto, execrable. La combinación de estos ingredientes ideológicos, sentimentales y políticos con la discrepancia de opiniones dentro de un mismo partido convierte el debate de mañana en un cóctel altamente explosivo. De ahí que los parlamentarios catalanes se hayan acogido al voto secreto, demostrando en este asunto más escrúpulos de conciencia que los diputados del Congreso con la Ley del Aborto. En efecto, aunque la Cámara autonómica es mayoritariamente nacionalista y de izquierdas, son muchos los parlamentarios opuestos a que se prohíban las corridas de toros, pero que temen ser señalados como «españolistas». Es evidente que la polémica antitaurina no habría llegado tan lejos sin esa mezcla de simplismo, demagogia e intimidación que han utilizado sus promotores. Decir que es una «fiesta española» es ignorar la dimensión internacional que tiene, no sólo en Iberoamérica, sino también en Francia, donde cientos de ciudades la tienen incorporada como una tradición propia. Pero resulta especialmente hipócrita que se ataque a las corridas desde el catalanismo y la taurofobia, mientras se blindan los festejos populares de Cataluña en los que el toro es el centro de la diversión y, también, del acoso y el sacrificio. Tradiciones como los «bous al carrer», los toros embolados y otras variantes no son ajenas a los pueblos más genuinamente catalanes. Además, en Cataluña viven y trabajan cientos de miles de personas que, siendo catalanes de adopción, llegaron de sus tierras con un equipaje cultural y emocional ligado a los toros. Si la Monumental de Barcelona se llena a rebosar en las tardes memorables, no es precisamente con turistas. ¿Acaso estos catalanes no tienen derecho a que su voz se oiga mañana en el Parlamento? En todo caso, el argumento más sólido contra la prohibición está relacionado con la libertad. En primer lugar, con la libertad de poder organizar en Cataluña una actividad empresarial y del espectáculo protegida por las leyes de la UE y las españolas. Un festejo taurino está protegido por leyes estatales de rango superior a las autonómicas y por normas que garantizan la actividad económica sin restricción dentro de las fronteras comunitarias. En segundo lugar, está en juego también el respeto a las libertades y opiniones de millones de catalanes que, siendo votantes de los partidos de izquierda y nacionalistas, son taurófilos o, al menos, respetuosos con la tradición taurina. Pero en este asunto, como en otros muchos, en Cataluña la clase política va por un lado y la ciudadanía por otro. Se reforman estatutos que nadie pide, se convocan referéndums que casi nadie secunda y se propugnan prohibiciones contra el parecer de la mayoría. Como si la gente no tuviera problemas bastante más importantes y perentorios, como el empleo, la salud o la educación, sin resolver.
En Antena 3 Noticias 2, el informativo que presenta Matías Prats, han inaugurado esta semana una nueva sección que lleva por título "Matías informa, tú opinas". Hasta su web se pueden enviar vídeos de 15 segundos argumentando a favor o en contra de un tema de actualidad que posteriormente son seleccionados y emitidos en el informativo. Y para inaugurar esta sección, en un alarde de originalidad y aprovechando la cuestión catalana, han propuesto la pregunta “¿Se deben prohibir los toros en España?”. Además en la misma página hay una encuesta en la que se puede votar sobre la continuidad de la Fiesta de los Toros en nuestro país. Una vez más los antitaurinos se movilizan y a la hora de escribir este artículo gana mayoritariamente la postura a favor de prohibir los toros. Pero más allá de la demagógica pregunta de marras, sí me gustaría saber la opinión del presentador del informativo de Antena 3. A mí me gustaría que Matías se mojase, que opinase sobre un espectáculo que junto al fútbol encumbró a lo más alto del periodismo español de posguerra a su padre, el recordado y mítico Matías Prats Cañete. Por ello… y tú Matías, ¿qué opinas?.
Hemos podido saber que el empresario de La Malagueta, Fernando Puche se ha puesto manos a la obra tras publicarse la posible actuación de José Tomás en Sevilla el Domingo de Resurrección, lo que podría provocar que el torero de Galapagar, lógicamente, optara por torear en Sevilla en lugar de Málaga. El Sr. Puche ha ofrecido a Salvador Boix, apoderado del torero, la posibilidad de comparecer en La Malagueta el Sábado Santo, teniendo por respuesta: "Espérese usted a ver qué es lo que ocurre con Sevilla". De esta manera se entiende que en función de lo que ocurra con la "complicada" contratación para La Maestranza, Tomás elegiría nuestra ciudad como segundo plato. Asunto comprensible. No obstante es positivo e importante que el empresario malagueño ya esté moviendo ficha para configurar el fin de semana taurino para Semana Santa, porque él, mejor que nadie, sabe que el éxito económico de dichos festejos, dependerá de como y con quién gestione ahora la contratación de toreros. De momento toca esperar.
Avance de los carteles, que serían, los siguientes:
- Domingo 10 de Enero: Rejones. Antonio Domecq, Andy Cartagena y Diego Ventura.
- Domingo 24 de Enero: Corrida de Toros. Daniel Luque y dos toreros más por concretar.
- Domingo 21 de Febrero: Corrida de Toros. Jesulín de Ubrique, El Cordobés y Rivera Ordóñez.
- Sábado 27 de Febrero: Corrida de Toros. El Juli, José María Manzanares y Miguel Ángel Perera.
- Domingo 28 de Febrero: Corrida de Toros. Morante de la Puebla, Sebastián Castella y Alejandro Talavante.
Malos aires soplan para Cataluña empeñada en mantener un arcaico sistema dirigido bajo la batuta analfabeta de mentes dañadas por el rencor y el odio, quienes con su férrea dictadura han sembrado gravísimas fisuras en esa sociedad. La que siempre fue un modelo que sabía adelantarse a los tiempos para volar muy por encima del resto de España hoy, cada mañana, se despierta oprimida por unos políticos que la ha hecho descarrilar del tren de la modernidad en el que siempre viajaron. Ahora, de nuevo, toda Cataluña está en candelero y en el ojo del huracán por culpa de esas minorías separatistas encabezadas por el hijo de un sargento del cuerpo de Carabineros de la Guardia Civil, que escupe veneno con sus palabras, como es el apócrifo Carod Rovira, quien se ha empeñado en matar todo lo que tenga vinculación con España. Para ello ha sido capaz -junto a sus secuaces- de manipular a la opinión pública con la fuerza de sus medios afines y decir todas las mentiras que sean necesarias. Actualmente, la diana de su odio lo sufre la Fiesta de los toros, la Tauromaquia, por la que lucha a brazo torcido para que desaparezca de esa tierra olvidándose del legado cultural que dejó al pueblo catalán y el que también supo aportar para engrandecer al toreo con personalidades de la talla de Dali, Miró, Balañá, Mario Cabré, Barceló (mallorquín, aunque de alma catalana).... y tantos otros. Porque como dice el poeta y académico Pere Gimferrer, en su reciente manifiesto, prohibir los toros es cortar la libertad a un pueblo y asesinar su arte y su cultura. Dentro de unas semanas, el Parlamento catalán votará la supresión de la Tauromaquia, medida que se espera con temor, aunque confiando en que la verdad prevalezca, por una vez, después de tantas mentiras. Pero, sobre todo, la esperanza radica en que al tratarse de una votación secreta obren las mentes de esos salvadores de la patria catalana y el sentido común se adueñe de ellos, como también de las huestes del Partido Socialista, quienes han dado libertad de voto a sus diputados, con el hipócrita de Montilla al frente, quien por el que dirán (y para no molestar a su jefe, el antitaurino Rodríguez Zapatero) dejó de asistir a los toros en La Monumental, en la que su rostro fue habitual durante muchos años, en cuanto sus socios de aventura, con Carod Rovira a la cabeza, empezaron a lanzar sus dardos envenenados contra la Tauromaquia.
Por razones del destino, todo lo que rodea a este torero sufre la enfermedad de la exageración desmedida. Es grande, sin duda; de lo contrario no despertaría emociones a su alrededor; le adorna una deslumbrante personalidad; es un torrente mediático impulsado por el misterio enigmático de un ser humano huidizo, escondido de todo y de todos; y, sobre todo, le desborda el morbo del sentido dramático de su toreo, que le obliga a jugarse la vida muchas tardes desde el precipicio mismo donde puede perderla. José Tomás es un torero largo, profundo y artista, pero su imagen más repetida huele demasiado a voltereta y sabe a manchas sangrientas en su vestido y en su piel. Quizá por todo ello le sigue una legión de forofos que creen ver en él a un dios revivido del toreo, a un revolucionario, el alfa y el omega de esta controvertida fiesta. Quizá por todo ello sea fácil entender la desmesurada fiesta que se vivió el domingo en Barcelona, donde 19.000 almas elevaron más allá de los altares a su ídolo, no vieron o no quisieron ver sus debilidades y le colocaron el cetro de rey del toreo. Calmada la euforia, es bueno que la realidad se abra paso ante tanto fanatismo. Tomás es sólo un gran torero; y, además, un torero que no dice ni mu. ¿Pero se puede ser un líder desde el silencio? Claro que sí; haciendo justamente lo contrario de lo que hace Tomás. Anunciándose en las plazas más importantes, en las ferias más exigentes y sometiéndose al veredicto de las escasas aficiones doctas que aún quedan en este país. Pero José Tomás, que ha encontrado en su apoderado, el músico catalán Salvador Boix, el mejor representante para vender su imagen prefiere cosos de escasa responsabilidad en los que abundan los toros chicos y los billetes grandes. Un líder, un redentor, debe reivindicar la fiesta en Sevilla, Madrid, Bilbao, y no sólo en Barcelona, ante toros encastados, fieros y poderosos, y no en plazas de segunda, respetables todas ellas, ante ganaderías elegidas con excesivo mimo y compañeros con escaso fuste para la competencia. Excusas las ha habido siempre para no acudir a las ferias de Sevilla y Madrid, por ejemplo. Pero si se quiere torear, se torea, y ni la ganadería de Núñez del Cuvillo -razón por la que no acudió a la Maestranza-, ni los 420.000 euros que pidió para anunciarse en las Ventas son razones insalvables para quien pretendiera ser el rey de los toreros. Pero no es menos cierto que en esas plazas tiene poco que ganar -no parece posible que puedan pagarle más de lo que ya cobra-, y mucho que perder -un fracaso podría notarlo en su cuenta corriente-. A José Tomás le sobran condiciones para ser un líder. Pero ésa parece más una preocupación de sus partidarios que del torero. De momento, es sólo un gran torero, más moderno y mucho más acomodaticio de lo que piensan sus forofos admiradores, que, como uno más de sus ditirambos, han llegado al paroxismo de inventarse un redentor que sólo existe en su imaginación.
Tras apuntarse al carro de la Feria de Otoño me surge la duda de si Morante está tan loco por torear (mejor dicho, por cobrar) aunque se vea que no es la sombra de quien empezó la temporada. Pega petardo tras petardo desde las dos cornadas que sufrió en agosto y se empeña en seguir matando corridas que no hacen más que perjudicar su imagen cuando lo más digno para un torero de su categoría que no va a perder cartel habría sido un corte de temporada a tiempo. El mano a mano que aceptó en Valladolid y más tarde en Sevilla le ha puesto en evidencia ante la afición taurina, ha sido un mes de septiembre horroroso para un torero glorioso que se empeña en ser lo que no es. Unas veces juega a Curro y otras a Paula sin querer darse cuenta de que él tiene nombre propio y tan importante como el de los otros dos. Ya sabemos que los contratos que tiene firmados son muy jugosos pero no debe descuidarse demasiado porque en el invierno te pasan el IVA y las facturas se pagan todas. Para rematar su mal momento, Zabala publica en el ABC que se negó a que en Sevilla se guardara un minuto de silencio el pasado 26 de septiembre en recuerdo de Francisco Rivera 'Paquirri'. Una decisión impopular y mezquina achacada al 'mal bajío' que de ser verdad no le ayuda mucho en su carrera. Su apoderado ni confirma ni desmiente pero se le dio mucha caña a la Sevilla por no guardar el minuto de silencio por uno de los toreros que tantas tardes triunfó en esa plaza y ahora ya se sabe el motivo del supuesto olvido. Un vergonzoso mal gesto con un torero que se forjó a sí mismo y se hizo triunfador de todas las ferias con mucho esfuerzo y valentía. Es necesario que un gran torero como el sevillano tenga memoria taurina.
