En contra de las ilusiones que se hacían muchos de los desnortados optimistas antropológicos que pululan por el sector, la Sanidad no va a salir bien parada del ajuste que prepara el Gobierno con el fin de cuadrar las descabaladas cuentas públicas. La confirmación por parte de Mariano Rajoy de que serán necesarios 40.000 millones adicionales este año para rellenar el gigantesco agujero legado por el PSOE ha sentado como un jarro de agua fría en los cuarteles generales de los principales representantes sanitarios, que confiaban en salir indemnes de la quema. En principio, el proyecto de medicamentazo que empezó a fraguar el PP nada más desembarcar en Moncloa sigue para adelante, y será más ambicioso de lo que se esperaba inicialmente. Los ideólogos sanitarios del partido creen desde hace meses que el mercado farmacéutico español se encuentra sobredimensionado y que conviene excluir de la financiación fármacos de escaso precio y relativo peso terapéutico. Creen además que una medida de este tipo sería la menos lesiva para la industria innovadora y que permitiría a las arcas públicas obtener a corto plazo una inyección extra de ahorro. Además, políticamente resulta poco cuestionable: como ya hay dos antecedentes de algo similar en España, uno con el PSOE y otro con el PP, sostienen que la crítica de la oposición llegaría a ser considerada demagógica por la sociedad. En contra de una iniciativa de este tipo se encuentra el efecto sustitución: como demostraron los medicamentazos anteriores, los médicos tienden con el paso de los meses a sustituir los fármacos excluidos por otros similares y más modernos que permanecen en el mercado, pero de mayor precio, lo que aumenta el gasto. En cualquier caso, ésta no será la única medida de ahorro en farmacia. Ya verán.
Los seres humanos no podemos vivir atrapados en el dolor de una pérdida, porque el alma se congela y no nos quedan lágrimas para llorar. El dolor se hace familiar, y la alegría no regresa a nuestras ventanas. Por eso, psicológicamente es sano dejar el pasado atrás, como si de una liberación se tratase. Las heridas emocionales deben curarse y cerrarse para que podamos avanzar con nuestras vidas. El duelo por la pérdida de un ser querido conlleva un dolor que necesita un bálsamo especial para curarse compuesto de compasión, paciencia, mucho amor, consuelo, comprensión y apoyo emocional de quienes nos aman. Existen lazos espirituales –invisibles al ojo humano- que nos unen, por eso cuando una relación se rompe o perdemos a alguien nos duele literalmente el alma. El amor teje hilos que nos entrelazan. Los padres de Marta del Castillo, y los de todas las Martas del mundo, necesitan paz para su corazón. Necesitan enfrentarse y aceptar el vacío de la presencia física de su hija para poder empezar a tejer la relación espiritual con su memoria. Las personas no morimos nunca mientras haya alguien en cuyo corazón siga residiendo la memoria de nuestra sonrisa. Espero que algún día los ángeles dejen de llorar, y esos padres encuentren el bálsamo que calme sus doloridos corazones. Los que creemos que existe vida después de la vida, sabemos que hay un lugar más allá de los sueños donde nos encontraremos con las personas que amamos en este mundo físico. La memoria del amor no se borra porque el alma no muere jamás.
No sé a quién se le habrá ocurrido esta moda de volver hacia atrás en el tiempo con la hipócrita excusa de sentirse más naturistas y, como dicen ellos, en paz consigo mismo y en equilibrio con la naturaleza. De un tiempo a esta parte hemos visto cómo muchas mujeres prefieren dar a luz en casa, incluso nos lo vendieron en un anuncio como si fuera el súmmum un de la felicidad y la corrección maternal, como si utilizar los servicios sanitarios que tenemos la suerte de disfrutar en el primer mundo fuera una estupidez. Con idéntico razonamiento, muchos padres deciden no vacunar a sus hijos por considerar que las enfermedades hay que pasarlas sin vacunarse, a pelo, sufriendo como antiguamente. Olvidan que antiguamente no había otro remedio y que la ciencia no había puesto coto a las enfermedades y a la mortandad. Son los mismos que suelen decir que la mujer debe parir con dolor como se ha hecho toda la vida. Hay que ser burros, perdónenme, para poner en riesgo la salud, no ya de uno mismo, sino la de sus hijos. Sería interesante saber qué piensan de esta moda absurda, egocéntrica y, como toda moda pasajera, los padres que por vivir en el tercer mundo no pueden vacunar a sus hijos y ven cómo muchos de ellos mueren. Que le hablen a ellos de naturaleza y de estilos de vida. Así se escribe la historia: dando pañuelos a quien no tiene mocos.
Su biografía se publicó en 1986. Gracias a ella, el mundo supo que existía vida dentro de la cabeza de un autista, así como sentimientos. A los tres años los médicos dijeron que tenía «daños cerebrales». Su madre, un modelo de rebeldía, coraje, fuerza y determinación, aderezado por un amor infinito por su hija, se negó a aceptar la «sentencia». La llevó a escuelas «normales» desoyendo los «consejos» de los «entendidos», que no entendían nada de autismo, hasta que Temple les contó cómo era su mundo interior. Ella es un ejemplo de una de las máximas de la PNL (Programación Neurolingüística): «Todo es verdadero en alguna persona, y todo es falso en otra». Yo abogo por la rebeldía, como la madre de Temple. Animo a la gente a no resignarse. Debemos luchar, pues el que lucha se da la posibilidad de alcanzar sus sueños y crear milagros, además de darle en las narices a los agoreros y trazar la línea de su destino como le dé la real gana, que para eso es suyo. Temple tiene un doctorado. Su genialidad pudo mostrarse gracias a esa madre que le enseñó a creer en ella misma, a no rendirse, y, al apoyo de otras almas libres, como un profesor suyo, que supo darse cuenta de lo especial que ella era. Su célebre «máquina de abrazos» se usa para ayudar a otros niños autistas. Todos, autistas o no, incluidos los animales, tenemos alguna vez dificultades para expresar nuestras emociones. Nada mejor que el amor para saber lo que un hijo necesita.
Cada diciembre me pasan revista general y me someto, entre el temor y la esperanza, a toda clase de humillaciones: compro en la farmacia el tarrito para el pis, me expongo a un tacto rectal rutinario, sí, pero tacto rectal, me convierte mi doctor en una especie de marciano lleno de ventosas pegadas al cuerpo mientras algo parecido a un MP-3 guarda cada latido de mi corazón… y lo peor de todo: me someten a un test de esfuerzo que consiste en eso, en forzar ese músculo supremo e independiente que es el corazón hasta extremos verdaderamente insospechados. Uno ve hacer estas cosas a los jugadores de fútbol (el test, no el tacto) y da gloria contemplarles. Pero claro, llegas tú (en ayunas para más guasa) y la cinta empieza a rodar y cuando aún no ha pasado un minuto, ya insinúas que casi mejor dejarlo; a los dos minutos la cinta ha pillado una velocidad desconocida para un tipo que como yo prefiere perder el Ave antes que perder la credibilidad corriendo por un andén. Pides que por favor se pare; pero no sólo no se para sino que se pone ¡cuesta arriba! mientras te anima tu doctor diciendo que aún no has llegado al mínimo necesario para que la prueba sea válida. Suplicas, te arrastras, preguntas con un hilo de voz si ya te va a dar el infarto, juras por tu madre que no puedes más y cuando ya sostienes el corazón con los dientes, la cosa se ralentiza hasta pararse. Bendita medicina: lo que hay que sufrir para que te digan que aún vas a seguir un rato vivo… aunque nada nunca es seguro.
La fría cifra de 76.000 consumidores de entre 14 y 18 años no parece que sea alarmante. ¿Seguro? No obstante, si consideramos que España es el país europeo con más consumidores de cocaína, sí es para hacernos reflexionar. ¿Qué nos pasa? Crisis espiritual. Pérdida de valores. Inmadurez emocional para relacionarse con la vida que a muchos se les antoja repleta de frustraciones ignorando que también hay momentos maravillosos. Los hay que sólo saben auto engañarse, y ante la imposibilidad de afrontar su incierto destino humano escogen «fumarse» un mundo de fantasía que les corroerá cerebro y alma, en lugar de potenciar su lado creativo para crearse una realidad más favorable. Hay dos formas de vivir la vida: una es como si nada fuera un milagro, la otra es como si todo lo fuera. Cada uno de nosotros escoge vivir o malvivir. Si los adultos andan con el alma averiada, ¿cómo no van a estar así los jóvenes? Mi abuelo sostenía que a muchos habría que examinarlos antes de ser padres para averiguar si serán capaces de ocuparse de sus hijos y educarlos. Pero, sobre todo, para saber si están dispuestos a amarlos, enseñarles valores y a valorarse.
Hoy nos dicen que las muertes por sida han descendido, pero eso no nos puede hacer olvidar que la enfermedad se ha llevado a 25 millones de personas y que unas 8.000 siguen contagiándose cada día. Una cifra estremecedora sobre todo si tenemos en cuenta que hay millones de personas que podrían salvar la vida en el continente africano y que no lo hacen por la inmoralidad de algunas farmacéuticas que rechazan la fabricación de genéricos para el tratamiento de la enfermedad, porque sencillamente descuadran sus hojas de beneficios. No les resulta rentable salvar determinadas vidas. Que esto también lo sepa todo el mundo.
Se debate si es bueno que las mujeres tengan hijos a edades maduras. Es decir, cuando los óvulos languidecen o, incluso, cuando ya no quedan, cuando la menopausia ha hecho su aparición en el cuerpo femenino y su compleja máquina de engendrar. La ciencia ha evolucionado mucho en este sentido. Ahora pueden implantarte óvulos de mujeres jóvenes, espermatozoides de chicos robustos, hasta pueden prestarte úteros a alto precio. No siempre funcionan estas técnicas, qué va, un alto porcentaje de parejas se quedan sin poder abrazar criatura. Tampoco son del todo inócuos. La mayoría de las veces las mujeres han de someterse a fuertes tratamientos hormonales que desequilibran bastante su ser. Sin contar con las intervenciones o los efectos secundarios físicos y psicológicos. Suelen conocerse los éxitos, ciertamente. Pero muchas parejas se quedan en la estadística del fracaso. Doble, en este caso, por no haber podido engendrar naturalmente primero, ni con ayuda después. Doble ilusión rota. ¿Y qué pienso yo de las madres mayores? En principio, que tienen todo el derecho a pensarlo, a sopesarlo, a decidirlo. Cuando una mujer de cuarenta y tantos o más quiere un bebé hasta el punto de hacer un tratamiento de fertilidad, creo que es, en general, una mujer convencida y capaz de sacar adelante a un hijo. Hoy una mujer de cincuenta es una de cuarenta de antaño, eso dicen. Además, la edad es algo muy relativo. El cerebro tiene sus pautas originales al respecto. Conozco mujeres de sesenta con bastante más energía que algunas de veinte. Y la maternidad da una fuerza insospechada, sólo se sabe cuando se vive. No, no digo que lo ideal sea esperar tanto para gestar y criar niños, digo que las cosas han cambiado mucho y hay que adaptarse a los tiempos. Ahora la esperanza de vida de la mujer por estos lares es de ochenta y tres tacos. Tener la posibilidad de acompañar a tu hijo unos cuarenta años no está tan mal, sobre todo si lo haces con generosidad y entrega. Madres jovencitas dan más juego a los cachorros, desde luego. Madres mayores más sosiego.